
La noticia tardó menos de una hora en recorrer el mundo.
Las pantallas comenzaron a encenderse en ciudades, estaciones, aeropuertos y hogares. El rostro de Seraphina aparecía una y otra vez acompañado por titulares urgentes.
“Agente de Nexum asesinada dentro de prisión de máxima seguridad.”
“Posible francotirador involucrado.”
“Investigación internacional en curso.”
Las imágenes mostraban el exterior del complejo penitenciario rodeado por vehículos policiales y helicópteros.
Los presentadores hablaban con gravedad.
—La detenida, identificada como Seraphina, era considerada una de las figuras clave dentro de la organización Nexum.
—Las autoridades aún no han explicado cómo fue posible que un disparo atravesara la estructura del edificio.
—Este evento plantea serias preguntas sobre la seguridad de las instalaciones.
El mundo observaba.
Pero algunos no estaban sorprendidos.
En la base de Unity, Titan estaba en la sala de entrenamiento.
El sonido de los golpes contra el saco de arena resonaba con fuerza en la habitación.
Un pequeño monitor en la pared transmitía la noticia.
El presentador hablaba con urgencia.
—La muerte de la prisionera ha generado preocupación entre agencias de seguridad globales…
Titan lanzó otro golpe.
El saco se balanceó violentamente.
—…especialmente debido a la precisión del disparo que terminó con su vida…
Titan se detuvo por un momento.
Miró la pantalla.
Luego tomó una botella de agua y bebió tranquilamente.
—Silenciar.
Murmuró para sí mismo.
Dejó la botella sobre una mesa.
—La táctica favorita de casi todas las organizaciones criminales.
Volvió a ponerse los guantes.
—Los muertos no hablan.
El saco recibió otro golpe.
Mientras tanto…
En otro sector del mundo, una batalla estaba ocurriendo.
Una unidad de Nexum intentaba asegurar uno de los centros de transmisión de datos que el gobierno utilizaba para rastrear actividad neural.
Explosiones iluminaron el edificio.
Un grupo de fuerzas especiales intentaba contener el ataque.
Disparos.
Drones cayendo del cielo.
Las sirenas llenaban la noche.
Era otra señal de lo mismo.
La guerra no se había detenido.
Solo estaba cambiando de forma.
Dentro de la base de Unity, en una sala más apartada…
Lumina estaba sola.
Las luces eran bajas.
La mesa frente a ella estaba cubierta de documentos.
Archivos físicos.
Reportes clasificados.
Imágenes antiguas.
Todos llevaban el mismo nombre en la parte superior.
ECLIPSE
Lumina pasaba las páginas con manos temblorosas.
Informes sobre experimentos.
Registros biológicos.
Notas de investigación.
Su respiración era irregular.
Sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas.
Intentó limpiarlas con la manga de su chaqueta.
Pero seguían cayendo.
Un documento mostraba una fotografía antigua.
Lumina lo miró por varios segundos.
Su voz salió apenas como un susurro.
—¿Por qué…?
Sus manos temblaban.
Más archivos.
Más registros.
Más piezas de un rompecabezas que parecía no tener sentido.
O tal vez sí lo tenía.
Y eso era lo que la estaba rompiendo.
—No…
Su respiración se volvió más rápida.
Desesperada.
Sus ojos recorrían las páginas una y otra vez, como si esperara encontrar algo distinto.
Algo que negara lo que estaba leyendo.
Pero las palabras seguían ahí.
Frías.
Implacables.
Una lágrima cayó sobre uno de los documentos.
Lumina cerró los ojos por un momento.
Luego levantó la mirada.
Y se congeló.
Al otro lado de la habitación…
Entre la oscuridad del pasillo…
Alguien estaba de pie.
Blue.
No había hecho ruido al entrar.
No había dicho una sola palabra.
Solo observaba.
Su rostro estaba serio.
Sus ojos tranquilos.
Lumina no dijo nada.
Blue tampoco.
El silencio llenó la habitación.
Pesado.
Profundo.
Como si ambas entendieran que algo importante acababa de cambiar.
En la mesa, los documentos de Eclipse permanecían abiertos.
Y en medio de la penumbra…
Nadie habló.
Muy lejos de allí…
Dentro de una instalación de Nexum.
El sonido de vidrio rompiéndose resonaba en toda la oficina.
Melissa arrojó otro objeto contra la pared.
Una pantalla estalló en fragmentos.
Los documentos volaron por el suelo.
Su respiración era violenta.
Sus manos temblaban.
—¡No!
Otro golpe.
Otro objeto destruido.
—¡No!
La puerta se abrió con fuerza.
The Architect entró.
—¡Melissa, detente!
Pero ella no lo escuchaba.
Arrojó una silla contra una mesa.
Los pedazos de metal chocaron contra el suelo.
—¡LA MATARON!
The Architect dio un paso adelante.
Su voz se volvió dura.
—¡DETENTE!
El grito resonó en toda la habitación.
Melissa se quedó inmóvil.
Respirando con rabia.
The Architect la miró con frialdad.
—Ese es tu problema.
El silencio cayó.
—Creciste como una niña malcriada.
Sus palabras eran cuchillas.
—Siempre lo tuviste todo.
—Protección.
—Recursos.
—Poder.
Melissa apretó los puños.
The Architect continuó.
—Creciste con habilidades que otros matarían por tener.
—Y aún así…
Su mirada se volvió más fría.
—No eres más que un arma kamikaze.
La rabia en los ojos de Melissa brilló.
—Cállate.
The Architect ignoró la advertencia.
—Hasta que llegue alguien que te dé exactamente el mismo destino.
Melissa lo miró con odio.
—Si esperamos demasiado…
Su voz tembló de rabia.
—Vamos a acompañar a Seraphina.
The Architect ladeó ligeramente la cabeza.
—¿Y qué sería más prudente?
Preguntó con calma.
—¿Ganar tiempo para encontrar una forma de evitar lo peor?
Hizo una pausa.
—¿O adelantarnos y hacer que nuestra muerte llegue más rápido?
Melissa no respondió.
The Architect la observó por un momento.
Luego dijo algo más.
—Sé de tus reuniones con Blue.
El silencio se volvió absoluto.
Melissa levantó la mirada.
The Architect continuó:
—No se lo he dicho a Eclipse.
—No me conviene perder a otro miembro del equipo.
Melissa apretó los dientes.
The Architect caminó lentamente por la habitación destruida.
—Si crees que estás lista para detener a Eclipse…
Su voz se volvió fría.
—Prepárate bien.
Se detuvo frente a ella.
—Porque si no lo haces…
Su mirada era completamente impasible.
—Solo terminarás despedazada.
Melissa lo miró con furia.
The Architect no mostró emoción.
—No eres especial.
Sus palabras cayeron como martillos.
—Si Eclipse pudo destruir la vida de un niño por su obsesión…
Hizo una pausa.
—Puede hacerlo con otro igual de fácil.
Luego añadió con absoluta frialdad:
—Incluso podría reutilizar tus partes.
—Ahorraría tiempo.
El silencio fue absoluto.
Finalmente The Architect suspiró.
—Recuerda algo, Melissa.
Su voz volvió a ser tranquila.
—Aquí nadie es amigo de nadie.
La miró directamente.
—Si Eclipse me ordena acabar contigo…
—Lo haré.
Sin titubear.
Melissa no apartó la mirada.
The Architect dio media vuelta hacia la puerta.
—Tómalo como una muestra de empatía.
Se detuvo antes de salir.
—Aún tengo corazón.
Una pequeña pausa.
—Pero hay quienes prefieren no usarlo.
La puerta se cerró.
Y el silencio volvió a llenar la habitación destruida.
Historia autoria de Gerard Leaf y Blue



