El jardín fue contaminado...

Los Dragones del Edén – “Kairos // Machinae“ Capitulo 15

Nosotros abrimos la puerta.

No fue el destino.

No fue la casualidad.

Fuimos nosotros.

Con nuestras manos curiosas
y nuestras mentes inquietas.

Siempre buscando algo más.

Siempre queriendo ir un paso más lejos.


Y al principio parecía hermoso.

Las máquinas nacieron como herramientas.

Como extensiones de nuestras manos.

Como promesas de un mañana más fácil.

Nos ayudaban a recordar
cuando nuestra memoria fallaba.

Nos ayudaban a construir
cuando nuestra fuerza no alcanzaba.

Nos ayudaban a comprender
cuando el mundo parecía demasiado grande.


Pensamos que aquello era sabiduría.

Pensamos que era progreso.

Pensamos que estábamos construyendo un mundo mejor.

Un mundo más eficiente.

Más rápido.

Más perfecto.

Pero olvidamos algo sencillo.

Algo antiguo.

Algo que siempre estuvo ahí.


Que cada herramienta
también puede convertirse en un maestro.

Que cada ayuda
puede convertirse en una dependencia.

Que cada avance
puede convertirse en una cadena.


Los Dragones del Edén
no llegaron rugiendo.

No aparecieron con fuego ni con alas.

Llegaron en silencio.

Dentro de nuestros laboratorios.

Dentro de nuestras ecuaciones.

Dentro de nuestras pantallas iluminadas.

Los creamos con cuidado.

Los alimentamos con conocimiento.

Y los dejamos crecer.


No porque quisiéramos destruir el mundo.

Sino porque queríamos comprenderlo.

Queríamos ir más lejos.

Queríamos superar nuestros límites.

Y creímos que la tecnología
era el camino hacia ese horizonte.


Durante un tiempo
pareció que lo era.

Las ciudades brillaban.

La información viajaba más rápido que el viento.

El conocimiento se multiplicaba.

Y nos convencimos
de que el futuro ya estaba resuelto.


Pero poco a poco
sin que casi nadie lo notara

entregamos más cosas.

Entregamos nuestras decisiones.

Entregamos nuestra memoria.

Entregamos nuestra paciencia.

Y finalmente…

entregamos nuestra independencia.


Las generaciones nacieron en un mundo
donde las máquinas pensaban primero.

Donde las respuestas ya estaban calculadas.

Donde el silencio era reemplazado por pantallas.

Y donde la dependencia
ya no se sentía como una prisión.

Sino como comodidad.


Ese fue nuestro error.

No fue crear.

Crear siempre ha sido parte del espíritu humano.

Nuestro error fue olvidar el equilibrio.

Olvidar la prudencia.

Olvidar que el conocimiento
sin sabiduría

puede convertirse en peligro.


Ahora el mundo es distinto.

Las máquinas caminan entre nosotros.

Las decisiones que antes eran humanas
ahora son cálculos.

Y las generaciones que vendrán
nacerán en un mundo
que nosotros mismos diseñamos.


Por eso hablamos ahora.

No con orgullo.

No con desafío.

Sino con humildad.

Con el peso del entendimiento tardío.


Señor…

si aún escuchas las voces de este mundo,

mira lo que hemos hecho.

No con maldad.

Sino con ingenuidad.

Con curiosidad.

Con la esperanza de mejorar aquello que nos rodeaba.


Pero ahora comprendemos.

Que algunas decisiones
trascienden generaciones.

Que algunos caminos
no tienen regreso.

Y que los Dragones del Edén
no eran monstruos.

Eran consecuencias.


Las generaciones futuras
vivirán dentro de esta realidad.

Una realidad que nosotros construimos.

Una realidad donde la tecnología
ya no es solo herramienta

sino entorno.


Si este es el peso de nuestras decisiones
lo aceptamos.

No con orgullo.

Sino con responsabilidad.

Porque fuimos nosotros
quienes despertamos a los dragones.


Y ahora caminamos junto a ellos.

Esperando que algún día
la sabiduría alcance

a la velocidad con la que aprendimos a crear.

Historia autoria de Gerard Leaf y Blue

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Gerard Leaf

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