
La guerra tenía muchas víctimas.
Algunas eran soldados.
Algunas eran ciudades.
Y otras… eran simplemente demasiado pequeñas para entender lo que estaba pasando.
La base de Unity estaba inusualmente tranquila esa mañana.
Después de semanas de misiones, combates y constantes alertas, Astra había ordenado una pausa temporal en las operaciones. Oficialmente era para recalibrar el equipo.
Extraoficialmente, todos necesitaban respirar.
El patio de la base estaba iluminado por una luz suave. Pequeños árboles crecían entre las estructuras reforzadas y un modesto jardín había comenzado a florecer bajo el cuidado de Echo.
Ella se encontraba arrodillada junto a un grupo de flores, recortando cuidadosamente una rama.
Titan pasó junto a ella cargando una caja con equipo de entrenamiento.
—Tratas a esas plantas mejor de lo que muchos tratan a los soldados —bromeó.
Echo sonrió levemente.
—Las plantas no empiezan guerras.
Titan soltó una pequeña risa.
—Buen punto.
Gerard estaba sentado cerca, revisando datos de misiones en una pequeña consola. Specter y Chrono discutían en voz baja sobre cálculos de probabilidad relacionados con las habilidades temporales de Chrono.
Era lo más cercano a la paz que el equipo había tenido en mucho tiempo.
Entonces sonó la alarma.
No era una alarma de combate.
Solo una alerta leve del perímetro.
Astra levantó la mirada hacia la pantalla central.
—Movimiento detectado —anunció el sistema.
Gerard frunció el ceño.
—¿Dónde?
Echo revisó el monitor.
—Sector exterior. Cerca de los túneles de suministros abandonados.
Titan estiró los hombros.
—Bueno… se acabó la mañana tranquila.
Lo encontraron escondido detrás de un contenedor de almacenamiento derrumbado.
Al principio Titan pensó que era solo un dron de servicio dañado.
Pero cuando se movió, todos se detuvieron.
Era pequeño.
Apenas del tamaño de un niño.
Un pequeño robot humanoide con la carcasa rayada y ojos blancos brillantes.
Los miraba con miedo.
Y cuando Titan dio un paso hacia él, retrocedió inmediatamente.
Gerard levantó la mano.
—Tranquilo.
La voz del robot salió distorsionada.
—Por favor… no me desmantelen.
Nadie habló durante unos segundos.
Echo dio un paso adelante y se agachó frente a él.
—No vamos a lastimarte.
El pequeño robot la observó con atención.
—Tú… eres como yo.
Echo asintió.
—Sí.
La pequeña máquina dudó antes de volver a hablar.
—Destruyeron mi hogar.
Las palabras salieron lentamente.
Como si ya las hubiera repetido muchas veces.
Chrono intercambió una mirada con Specter.
Gerard suspiró.
—Las redadas —dijo.
Todos sabían a qué se refería.
Desde que se habían anunciado las nuevas regulaciones, comunidades enteras de inteligencias artificiales habían sido cerradas.
Robots que habían vivido en paz durante décadas ahora eran considerados amenazas.
Echo colocó suavemente una mano sobre el hombro del pequeño robot.
—Aquí estás a salvo.
El robot no parecía completamente convencido.
—¿De verdad?
Echo sonrió.
—Tan seguro como puede estar alguien hecho de metal.
El resto del día pasó lentamente.
El pequeño robot —que finalmente se presentó como Ari— siguió a Echo casi todo el tiempo.
Titan le enseñó cómo levantar objetos más pesados que su propio cuerpo.
Chrono le mostró pequeñas distorsiones temporales que hicieron que Ari riera con asombro.
Specter le enseñó a mantener el equilibrio sobre los barandales del patio.
Por un momento…
La guerra parecía muy lejana.
Gerard observaba la escena desde cierta distancia.
Astra se acercó a su lado.
—Estás pensando demasiado —dijo.
Gerard señaló a Ari.
—Ese niño no entiende por qué el mundo de repente lo odia.
Astra cruzó los brazos.
—Ni la mayoría de los humanos lo entienden.
Gerard miró hacia el cielo.
—Esta guerra cada vez se vuelve más fea.
Astra no respondió.
Porque sabía que tenía razón.
Esa noche, el equipo se reunió para cenar en la sala principal.
Ari estaba sentado entre Echo y Titan, observando con curiosidad el extraño concepto de la comida.
—¿No comes? —preguntó Titan.
Ari negó con la cabeza.
—Proceso energía de otra manera.
Titan se recostó en la silla.
—Qué suerte.
Specter sonrió ligeramente.
Chrono rodó los ojos.
Por un momento, la sala se llenó de risas.
Pero eventualmente…
Alguien hizo la pregunta.
—¿Dónde está Blue?
El silencio cayó sobre la mesa.
Echo miró alrededor.
—No la he visto desde ayer.
Gerard frunció el ceño.
—Eso es raro.
Astra revisó su tableta.
—No hay actividad reciente en su estación.
Titan cruzó los brazos.
—Genial.
Specter habló con calma.
—Probablemente está analizando algo.
Chrono añadió:
—Hace eso.
Pero nadie parecía convencido.
Porque Blue nunca desaparecía sin decir nada.
Muy lejos de la base…
En algún lugar silencioso.
Blue estaba de pie frente a una tenue fuente de luz.
Su postura era tranquila.
Casi relajada.
Frente a ella, una figura permanecía sentada entre las sombras.
La voz que habló fue fría.
Precisa.
—¿Por qué viniste?
Blue respondió suavemente.
—Necesitaba hablar.
La figura no se movió.
—Elegiste a la persona equivocada.
Blue inclinó ligeramente la cabeza.
—No lo creo.
Hubo silencio.
Luego la voz volvió a hablar.
—Deberías haberte quedado con Unity.
El tono de Blue seguía siendo dulce.
—Son mis amigos.
—Y aun así los dejaste.
Blue hizo una pausa.
—Sí.
La sombra se movió levemente.
—¿Por qué?
Blue respondió despacio.
—Porque alguien tiene que entenderte.
El aire pareció volverse más pesado.
—¿Crees que me entiendes?
—No —dijo Blue con suavidad—.
—Pero quiero hacerlo.
La voz del otro personaje se volvió más dura.
—La gente siempre dice eso.
—Dicen que quieren ayudar.
—Dicen que les importa.
—Y después te traicionan.
Blue bajó ligeramente la mirada.
—No todos.
Pasaron varios segundos de silencio.
Luego la voz volvió a hablar.
Más baja.
—¿Por qué haces esto?
Blue respondió casi en un susurro.
—Porque no estás sola.
La figura se movió apenas.
Por primera vez, emoción atravesó su voz.
—No.
Blue dio un paso hacia adelante.
—No tienes que seguir luchando contra todos.
La voz se volvió más fría otra vez.
—No sabes lo que he perdido.
Blue respondió con dulzura.
—Perdiste a tu padre.
El silencio que siguió fue profundo.
—Detente.
Blue continuó suavemente.
—Estabas sola.
—Tenías miedo.
—Pensaste que Nexum era el único lugar que te quedaba.
La figura se levantó de repente.
—No sabes nada sobre mí.
Blue suspiró.
Parecía triste.
Entonces pronunció una sola palabra.
Un suspiro.
—Melissa.
Y la oscuridad guardó silencio.
Historia autoria de Gerard Leaf y Blue



