
El caos no se detuvo.
De hecho, empeoró.
Porque en el momento en que las reformas fueron aprobadas…
La ilusión dejó de ser necesaria.
En múltiples regiones del país comenzaron nuevos ataques.
Pero esta vez no había hologramas.
Explosiones sacudían distritos industriales.
Redes eléctricas colapsaban.
Drones militares descendían sobre zonas urbanas.
Ciudades que horas antes solo habían visto destrucción simulada ahora enfrentaban la realidad.
Edificios en llamas.
Sirenas constantes.
Columnas de humo cubriendo el cielo.
Y en todas partes los medios repetían el mismo mensaje:
Las reformas eran necesarias.
El peligro siempre había sido real.
En una cámara de mando fuertemente protegida de Nexum, varias pantallas estratégicas mostraban la devastación.
Marcus Wells observaba las proyecciones con absoluta calma.
Sus dedos descansaban ligeramente sobre la consola.
Cerca de él se encontraba The Architect, analizando las respuestas tácticas de los distintos sectores.
Pero sobre ambos se alzaba otra figura.
Eclipse.
Alto.
Silencioso.
Su sola presencia parecía alterar el ambiente de la sala.
Uno de los operadores habló con cautela.
—Las reformas ya fueron aprobadas.
Marcus asintió lentamente.
—Entonces el objetivo ha sido cumplido.
The Architect habló con serenidad.
—Las operaciones holográficas pueden terminarse.
Pero Eclipse no se movió.
Su mirada seguía fija en la destrucción de las pantallas.
—No.
Marcus lo observó de reojo.
—Eso sería una escalada innecesaria.
Eclipse giró ligeramente el rostro.
En su expresión solo había superioridad fría.
—Las razas inferiores no merecen calma.
El silencio llenó la sala.
Marcus Wells no respondió.
The Architect tampoco.
Eclipse continuó.
—Si el miedo les trajo obediencia…
Su voz bajó ligeramente.
—El dolor se encargará de que lo recuerden.
Durante un momento ninguno de los dos habló.
Luego Marcus acomodó con calma el puño de su camisa.
—Si así lo deseas.
The Architect inclinó apenas la cabeza.
Y los ataques continuaron.
En la base de Unity, la situación ya era catastrófica.
Varias ciudades reportaban destrucción real.
No hologramas.
Víctimas reales.
Incendios reales.
Titan golpeó la mesa de comando con el puño.
—¡Usaron los ataques falsos para justificar los reales!
Echo monitoreaba múltiples flujos de datos.
—Está escalando en todas partes.
Chrono observaba el mapa con incredulidad.
—Están convirtiendo todo el país en un campo de batalla.
Pero Gerard ya no escuchaba.
Miraba fijamente una señal específica en el radar táctico.
Una firma energética de Nexum.
Una que conocía.
Astra lo notó.
—Gerard…
Pero él ya se estaba moviendo.
—Sé dónde está.
Titan dio un paso adelante.
—¿A dónde vas?
La voz de Gerard fue fría.
—A terminar esto.
Antes de que alguien pudiera detenerlo, ya se dirigía al hangar.
Las afueras de la ciudad de Arclight ardían bajo un cielo oscuro.
Las llamas se reflejaban en cristales rotos.
Sirenas de emergencia resonaban entre los edificios.
Y de pie sobre los restos de una estructura colapsada…
Estaba The Architect.
Observaba la destrucción como si analizara una ecuación.
Gerard aterrizó a pocos metros.
El impacto agrietó el concreto.
The Architect levantó la mirada.
—Ah.
Su tono fue tranquilo.
—Me preguntaba cuánto tardarías.
Gerard avanzó.
—Se acabó.
The Architect lo observó brevemente.
—Emocionalmente comprometido.
Gerard no respondió.
Atacó.
La velocidad del primer golpe sorprendió incluso a The Architect.
El impacto destrozó parte de la estructura detrás de él.
The Architect se movió con facilidad.
Pero Gerard no se detuvo.
Atacaba más rápido.
Más fuerte.
Más agresivo que nunca.
Desde el aire, la nave táctica de Astra flotaba sobre el campo de batalla.
Ella observaba el combate en la pantalla.
Y su expresión comenzó a cambiar.
—Eso no es bueno…
Titan miró la transmisión.
—¿Qué pasa?
Astra entrecerró los ojos.
—He visto esos movimientos antes.
Chrono preguntó:
—¿Cuándo?
Astra negó con la cabeza.
—No lo recuerdo.
Abajo, Gerard se movía como una tormenta.
Sus golpes eran implacables.
Calculados.
Precisos.
The Architect bloqueó varios ataques, pero estaba siendo presionado como nunca antes.
—Interesante —dijo.
—Has mejorado.
Gerard respondió con otro golpe devastador.
The Architect retrocedió un paso.
—Sabes algo importante, ¿verdad?
Gerard apretó los puños.
—No eres real.
The Architect inclinó la cabeza.
—Exacto.
Su cuerpo parpadeó ligeramente.
Un holograma.
—Estás peleando contra una ilusión.
Gerard lo miró fijamente.
Luego habló con calma.
—Todo lo que creemos puede ser real.
The Architect pareció divertido.
—La filosofía no te ayudará.
Gerard avanzó.
—No.
Y entonces lo golpeó.
El impacto resonó en toda la calle destruida.
Por un segundo no pasó nada.
Luego—
En la cámara de mando de Nexum, The Architect se tambaleó.
Una descarga de dolor atravesó su sistema nervioso.
Se sostuvo de la consola.
Marcus giró la cabeza.
—Eso no debería ser posible.
La expresión de The Architect cambió por primera vez.
Confusión.
—…Imposible.
En el campo de batalla, Gerard permanecía de pie.
—Lo sentiste.
La proyección de The Architect parpadeó.
Gerard atacó otra vez.
Otro golpe.
Otra descarga de dolor.
En la base de Nexum, The Architect apretó los dientes.
Cada impacto generaba retroalimentación neural.
Astra miraba la pantalla sin comprender.
—Está golpeando el holograma…
Titan abrió los ojos.
—¿Y le está doliendo de verdad?
Chrono susurró:
—Eso no tiene sentido.
Pero la batalla había cambiado.
Gerard avanzaba.
Ahora The Architect reaccionaba en lugar de controlar la situación.
En la sala de Nexum, alarmas silenciosas comenzaron a activarse.
La mente de The Architect analizaba el problema.
Cada pulso de dolor.
Cada señal neural.
Cada interferencia.
Podía ser rastreada.
Localizada.
La conexión se estaba volviendo peligrosa.
The Architect cortó el enlace de inmediato.
La proyección desapareció.
El último golpe de Gerard atravesó el aire.
En la sala de mando de Nexum, The Architect retiró lentamente la interfaz neural.
Una gota de sangre descendía desde su boca.
Entonces—
CRACK
Eclipse lo golpeó con una bofetada brutal.
El sonido resonó en toda la sala.
The Architect se tambaleó contra la consola.
La sangre ahora corría por su labio.
Eclipse lo observaba con desprecio absoluto.
—¿Qué fue eso?
Nadie habló.
Marcus observaba en silencio.
La voz de Eclipse fue fría.
—¿No eras tú quien presumía tener el sistema de seguridad más avanzado?
The Architect no respondió.
Eclipse dio un paso hacia él.
—No tengo tiempo para débiles.
The Architect limpió la sangre de su boca.
Y guardó silencio.
Pero sus ojos ya no eran tan tranquilos.
Porque algo había cambiado.
En algún lugar…
Gerard había hecho lo imposible.
Y eso significaba que el juego ya no estaba completamente bajo control.
Historia autoria de Gerard Leaf y Blue



