Una batalla inesperada

La comandante de las sombras – “Kairos // Machinae“ Capitulo 7

Habían pasado varios días desde el encuentro con Melissa.

Aunque el equipo Unity continuaba con sus operaciones como si nada hubiese ocurrido, el ambiente dentro de la base había cambiado de forma casi imperceptible. No era un silencio incómodo, ni tampoco una tensión abierta. Era algo más sutil: una especie de pregunta flotando en el aire que nadie parecía dispuesto a formular.

Astra había sido clara desde el principio.

—No hablaremos de ello.

La orden fue directa, sin explicaciones adicionales. Y cuando Astra hablaba en ese tono, normalmente significaba que había más cosas en juego de las que el resto podía ver.

Pero el equipo Unity no estaba acostumbrado a obedecer sin entender.

Titan fue el primero en romper la calma durante una de las sesiones de mantenimiento del arsenal.

—¿Por qué es tan importante? —preguntó, mirando a Gerard—. Solo fue otro enemigo.

Gerard negó lentamente con la cabeza.

—No —respondió con serenidad—. Melissa no es solo otro enemigo.

Los demás levantaron la mirada.

Gerard apoyó los brazos sobre la mesa metálica antes de continuar.

—Su historia no justifica lo que hace. Nada lo hace. Pero entender su contexto… nos ayuda a saber que tratar con ella de la misma manera que tratamos con otros enemigos solo provocaría más caos.

Hubo un breve silencio.

—Es distinta —añadió finalmente.

Y nadie discutió aquello.


En otra sección del cuartel, Blue trabajaba junto a Lumina frente a una terminal de datos.

Las pantallas holográficas proyectaban archivos recuperados de antiguas bases de Nexum. Fotografías, reportes, registros de experimentos, nombres tachados y documentos parcialmente corruptos se desplazaban lentamente frente a ellas.

En uno de los archivos apareció una imagen antigua.

Un hombre joven.

Adrian Voss.

Mucho antes de convertirse en Eclipse.

Lumina observó la fotografía durante varios segundos.

Una leve sonrisa apareció en su rostro… una sonrisa extraña, como si estuviera atrapada entre la nostalgia y el rechazo.

Blue lo notó de inmediato.

—Lo conociste antes… ¿verdad?

Lumina no respondió enseguida.

—Sí —dijo finalmente.

La imagen permanecía flotando en el aire.

Blue inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Por qué las personas se convierten en villanos?

La pregunta no sonaba como un juicio. Sonaba más bien como una búsqueda.

Lumina cruzó los brazos.

—No hay una sola razón.

Observó la fotografía una última vez antes de cerrar el archivo.

—A veces es el dolor.

Hizo una breve pausa.

—Y otras veces… la obsesión.

Blue guardó silencio.

Como si estuviera procesando mucho más que solo esas palabras.


Mientras tanto, en el patio interior de la base, Echo conversaba con el resto del equipo.

Era una de las pocas áreas del complejo donde la naturaleza aún tenía espacio. Árboles pequeños crecían entre estructuras metálicas, flores silvestres aparecían en los bordes del terreno y algunas aves habían comenzado a regresar al lugar con el paso del tiempo.

Echo estaba sentada observando una pequeña flor que crecía entre las grietas del suelo.

—Los robots corrompidos no piensan —explicó con calma.

Titan levantó una ceja.

—Tú eres un robot.

Echo sonrió suavemente.

—Exactamente.

Se levantó y caminó unos pasos.

—Por eso lo digo.

Se giró hacia el grupo.

—El metal no puede sentir. No de la forma en que nosotros lo entendemos. La mayoría de esas máquinas no tienen voluntad propia… solo siguen órdenes.

Miró a las flores nuevamente.

—Son carne de cañón.

Chrono cruzó los brazos.

—¿Entonces cuál sería la estrategia?

Echo respondió sin dudar.

—Evitar enfrentarlos.

Specter inclinó la cabeza.

—Eso suena… pacifista.

Echo negó.

—No.

Señaló su propio cuerpo, lleno de tecnología capaz de devastar ejércitos.

—Solo es eficiente.


Aquella misma tarde, el equipo Unity fue enviado a inspeccionar los vestigios de un ataque reciente.

Los restos de edificios destruidos cubrían varias calles. Vehículos volcados, drones dañados y estructuras colapsadas convertían el lugar en un laberinto de ruinas.

Demasiado silencioso.

Gerard lo notó primero.

—Esto no me gusta.

Pero ya era demasiado tarde.

El sonido metálico de varios pasos resonó entre los escombros.

Decenas de robots emergieron desde distintos puntos del terreno.

Una emboscada.

Y entonces, desde lo alto de un edificio parcialmente destruido, una figura descendió con elegancia.

Seraphina.

Su espada reflejaba la luz gris del cielo.

—Les advertimos —dijo con voz fría—.

Sus ojos recorrieron al equipo.

—Este es su final por no escuchar.

Titan no esperó.

Se lanzó hacia ella con fuerza bruta.

Gerard lo siguió inmediatamente.

Pero Seraphina era conocida por una razón.

“La artista de la espada”.

Sus movimientos eran precisos.

Elegantes.

Mortales.

Cada ataque parecía parte de una coreografía perfectamente calculada.

Titan fue repelido.

Gerard apenas logró esquivar un corte que partió un fragmento de concreto a su lado.

Mientras tanto, el resto del equipo luchaba por contener la emboscada.

Chrono intentó activar un campo de pausa temporal.

El aire vibró brevemente…

Pero un golpe lo dejó inconsciente antes de completar el proceso.

—¡Chrono! —gritó Specter.

En respuesta, Specter comenzó a moverse con una velocidad increíble.

No era agresivo.

Era fluido.

Como viento atravesando una tormenta.


Pero lo que ocurrió después nadie lo esperaba.

Blue cayó de rodillas en medio del campo de batalla.

Una lágrima descendió por su rostro.

Astra la vio.

—¿Blue…?

Pero Blue no respondía.

Una frase resonaba dentro de su mente.

Como un código repitiéndose una y otra vez.

“No soy tu enemigo… pero ellos sí.”

La frase se volvió más fuerte.

Más clara.

Blue abrió los ojos.

Ahora eran grises.

Se levantó.

Y en un instante atravesó el campo de batalla a una velocidad imposible.

Interrumpió el duelo entre Astra y Seraphina.

El choque de metal resonó en todo el lugar.

Seraphina sonrió.

—Interesante.

La pelea cambió por completo.

Blue atacaba con una precisión brutal.

Cada golpe era rápido.

Cada movimiento calculado.

Por primera vez… Seraphina retrocedía.

—Solo eres una niña —dijo Seraphina con desprecio—. No entiendes cómo funciona este mundo.

Un golpe certero envió a Blue contra los restos de un edificio.

Titan corrió hacia ella.

—¡Blue!

Pero ella levantó una mano.

—Estoy bien…

Su cuerpo comenzó a brillar.

Partes de su estructura se iluminaron con un tono azul cielo.

Modo de combate.

Blue se levantó.

Y avanzó nuevamente.

La pelea se prolongó varios minutos más.

Pero ahora el resultado era claro.

Seraphina comenzaba a perder terreno.

Un último golpe.

Una patada directa.

Seraphina salió despedida hacia el aire.

Y Astra apareció en el momento exacto.

Su impacto final la dejó inconsciente antes de tocar el suelo.

El silencio regresó al campo de batalla.

Blue caminó lentamente hasta donde yacía Seraphina.

La observó durante unos segundos.

Y dijo con calma:

—Sé el porqué.

Hizo una breve pausa.

—Pero el fin no justifica los medios.


Minutos después, las autoridades comenzaron a llegar.

Vehículos militares.

Drones de seguridad.

Y oficiales de alto rango.

Seraphina fue arrestada bajo máxima seguridad.

Pero antes de que el equipo pudiera retirarse, uno de los altos mandos se acercó a Astra.

Su expresión era grave.

—Escuche bien, comandante.

Astra lo miró fijamente.

—A partir de ahora deberán tener cuidado con las misiones que acepten.

El hombre continuó.

—Si vuelven a encontrarse con Melissa…

El silencio cayó sobre el grupo.

—La misión queda cancelada.

El oficial se dio la vuelta y se marchó.

El equipo Unity quedó observando el cielo gris sobre la ciudad destruida.

Porque todos sabían lo que aquello significaba.

La guerra estaba cambiando.

Y algunas batallas…

No estaban destinadas a ser peleadas.

Historia autoria de Gerard Leaf y Blue

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Gerard Leaf

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