Esa mirada bajo las sombras dice mucho mas

A través de las sombras – “Kairos // Machinae“ Capitulo 4

Las alarmas aún resonaban en los corredores del colegio, y las luces de emergencia destellaban intermitentemente entre el humo y los escombros. El equipo Unity avanzaba sin dudarlo, atravesando pasillos colapsados y puertas abiertas por la fuerza, como si el edificio respirara caos.

Las criaturas digitales —una amalgama de metal, código y pura hostilidad— surgían de cada rincón. Algunos eran robots armados con tecnología desfasada pero aún letal; otros, espectros proyectados por sistemas corrompidos, capaces de impactar físicamente con su entorno. El combate era constante.

Astra lideraba al frente con precisión táctica. Su lanza de plasma cortaba el aire como un rayo certero, desmantelando enemigos uno por uno. A su lado, Gerard Leaf se deslizaba con agilidad entre escombros, ejecutando movimientos calculados y disparando ráfagas electromagnéticas desde sus guanteletes. Cada impacto era una coreografía entre técnica y furia contenida.

Blue, en retaguardia, alternaba entre combate directo y asistencia digital, interfiriendo con los núcleos de los robots para ralentizar su avance. Sus ojos brillaban con información codificada mientras transmitía coordenadas a Lumina, quien canalizaba su energía lumínica para generar campos de protección en puntos estratégicos.

Specter se desmaterializaba entre sombras, volviendo visible solo para atacar con su daga de energía, tan certera como el tiempo mismo. Chrono, por su parte, manipulaba ralentizaciones temporales en el espacio cercano, dando a sus aliados una ventaja letal por breves instantes que cambiaban el curso de la batalla.

Y, al fondo del escenario… alguien observaba.

A través de los ojos de los enemigos derrotados, a través de cámaras escondidas en sensores de los hologramas activos, una conciencia artificial analizaba el combate. Miles de datos por segundo. Una figura sin rostro, vestida en blanco y sombra. The Architect —aunque su nombre aún no había sido pronunciado, su mirada fría lo decía todo.

Era como si cada movimiento del equipo Unity estuviera siendo grabado, diseccionado… archivado.

La batalla cesó.

Una de las criaturas emitió un pitido agudo antes de autodestruirse, y el resto comenzó a desconectarse como piezas abandonadas en un tablero. El silencio regresó al colegio, y de inmediato, el grupo se dispersó para revisar la integridad de los estudiantes.

—Niños asegurados en el sótano —informó Lumina con voz aliviada.

—Heridos, pero vivos —añadió Astra.

Mientras tanto, Gerard se acercó a Titán, el miembro más corpulento del equipo, quien estaba removiendo escombros con una sola mano.

—¿No te parece extraño? —le preguntó Gerard, bajando la voz—. Ya son varios ataques con este tipo de patrones… hologramas físicos, enemigos que son y no son reales.

Titán lo miró intrigado, y Gerard continuó:

—Durante mi tiempo en la rebelión, conocimos a un chico. Era callado, brillante… algo obsesionado con crear hologramas capaces de interactuar con el mundo físico. Un soñador con ideas peligrosas. Pero no recuerdo su nombre…

Titán se cruzó de brazos.

—¿Crees que esté relacionado con todo esto?

—No sé… pero cada batalla lo hace parecer más evidente.

En otra parte del colegio, Astra se acercó a Lumina, su semblante serio.

—Has estado distinta desde que vimos ese robot. No dejas de observar sus fragmentos.

Lumina apartó la mirada, visiblemente perturbada.

—He visto estos diseños antes —respondió en voz baja—. Pero no ahora… antes. Como si fueran recuerdos de una vida que nunca viví. O que olvidé.

Astra frunció el ceño, pero no dijo nada más. Solo le colocó una mano en el hombro, como un gesto silencioso de confianza.

Mientras tanto, Blue caminaba entre los restos de un proyector roto, su vista fija en algo que solo ella parecía notar. A través de un leve destello azul, una sombra se desvanecía al fondo del pasillo.

—¿Qué fue eso…? —murmuró.

Sin pensarlo dos veces, salió tras la figura. Sus pasos eran sigilosos pero firmes. Aunque los protocolos exigían que se mantuviera con el equipo, algo en su núcleo la empujaba a seguir aquella anomalía.

En otro punto de la ciudad, los hermanos Specter y Chrono descansaban en la azotea del colegio, contemplando la luna que asomaba entre nubes grises.

—¿Nunca te preguntaste por qué aceptamos unirnos a Unity? —preguntó Chrono, rompiendo el silencio.

—Lo hice por las historias. La emoción de sentir que esta existencia puede ser algo más que sobrevivir —respondió Specter—. Y tú… lo hiciste por las respuestas.

Chrono sonrió, casi con melancolía.

—Y aún no las tengo.

Ambos permanecieron en silencio, observando la ciudad que comenzaba a volver a la normalidad, al menos por fuera.

De regreso en la base, el equipo fue recibido con breves vítores por los técnicos y doctores. Una nueva victoria… al menos por ahora.

Gerard se quitó los guantes, su expresión era pensativa. Buscó con la mirada a Blue, y la encontró junto al ventanal de la sala de comando, observando el firmamento con su habitual calma aparente.

—¿En qué piensas? —le preguntó acercándose.

Blue no respondió al instante. Sus ojos cibernéticos seguían fijos en la oscuridad exterior.

—En lo que viene —dijo finalmente—. Y en si estamos preparados para enfrentarlo.

La pantalla central titiló en rojo. Una nueva anomalía había sido detectada.

Y allá, en algún lugar entre redes corruptas y líneas de código, él seguía mirando. Aprendiendo. Diseñando. Esperando.

Historia autoria de Gerard Leaf y Blue

Picture of Gerard Leaf

Gerard Leaf

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